domingo, 30 de agosto de 2015

En la mañana

En la mañana se despertó, todo era igual al día anterior. Las cortinas impedían que la luz de las farolas de la calle se colara en la habitación.  El reloj sonaba sin descanso. El perro del vecino ladraba sin parar, como si alguien o algo lo molestara a tal punto que no se pudiera aguantar para dar rienda suelta a sus instintos.
Sabía que debía iniciar su labor, pero las ganas se escurrían por las sabanas. Sin pensarlo mucho se levanta, tiende de mala gana las cobijas, abre las cortinas y se dirige a la ducha. Se despoja de su ropa de dormir, ingresa a la ducha; el agua empieza a caer en su cuerpo, refrescando al tiempo sus pensamientos frustrantes del día.
Termina su labor matutina para ir a trabajar. Con la paciencia que le sobra de tanto trajín, avanza por la avenida en busca de su ruta de viaje. Sabe que siempre a las 5:15 pasa el bus que necesita, siempre es lo mismo.
Se detiene en una esquina para esperar el bus, en su reloj son las 5:14, y en la esquina por donde aparece su medio de transporte sigue sola; piensa en lo extraño que resulta esta situación. Sigue esperando impaciente, checa en su reloj el inusual retraso. Al parecer no puede esperar más o de lo contrario corre el riesgo de llegar tarde. Inicia su desplazamiento ligero por los callejones del barrio. Todas las casas siguen dormidas, pareciera que no viviera nadie en ellas.

De la nada aparece en frente de él un hombre, algo joven y de apariencia marginal, se le acerca tambaleándose, encorvado, la cabeza cubierta y con signos notables de estar drogado. De su bolsillo saca algo negro, brillante… como un metal; sin tiempo de reaccionar se escucha un sonido sordo, ahogado, y de repente los pensamientos frustrantes de un día de trabajo se tornan triviales para alguien que ve escapar su vida a las 5:30 de la mañana. 

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